miércoles, 26 de diciembre de 2012


Lamentaban su soledad; el trato que habían recibido de los demás. Todo se resumía en eso: en quejas, y no pocas. Sin embargo, una noche, sonó el teléfono. Era alguien que los invitaba a su casa, pero ellos se negaron exponiendo una excusa. Rato después, volvió a sonar: la misma petición, en boca diferente. Se volvieron a negar.
Mientras se alegraban de su maravilloso plan, alguien los contemplaba en silencio pensando en si en realidad albergaban motivo alguno para alegrarse, o si, en realidad, tanto de lo que se quejaban, en parte, lo habían provocado ellos.

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