sábado, 15 de septiembre de 2012

Desorden. 
Desordenados esquemas. 
Se deja caer, o su cuerpo lo hace, como si no existiera gravedad alguna. Se desploma, cual hoja seca que cae del árbol. Sin remedio. 
Tal vez sea inevitable que lleguemos a ciertas situaciones. Perdidos, entre la nada, pero a la vez rodeados de todo. De más y más hojas secas, que añoran las del árbol. Deleitándonos tan sólo con verlas, allá a lo lejos, verdes, en compañía de otras. Algunas incluso rodeando a una flor o un fruto. Qué grandeza.
Y mientras, nosotros, anhelamos y anhelamos. Impotentes con fe; expectantes de algo así como un milagro. O tal vez un poco de suerte. 
Y es entonces cuando el viento comienza a soplar y aleja aquella hoja seca, que sigue enamorada de la del árbol. 
Desorden.

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