viernes, 6 de abril de 2012

A su espalda, los primeros rayos de sol. Frío que se abre paso entre la ropa. No hay estremecimiento: la costumbre puede con todo.
 Bajo sus pies, cemento. 
Sobre los hombros, los años, tal vez demasiados, de duro trabajo. Su espalda, fiel reflejo de vida, saluda como el tallo de una flor que se marchita. Es casi la hora. Emprende su diario trayecto. La costumbre pudo con la necesidad, pero también la necesidad le hace acudir allí.
Bajo sus pies, tierra.
No importa la edad que se tenga; nunca se olvida una parte de ti, ni de tu vida.
 

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