sábado, 24 de marzo de 2012

El 'hoy por ti, mañana por mi' no termina de funcionar aquí. Ya lo puso sobre la mesa Jakobson. Si el emisor se empeña en emitir miles de mensajes y el receptor hace caso omiso, no existe comunicación. No, no y, aunque te empeñes, no. Claro que todo es salvable por el contexto. Las circunstancias, decían por ahí, que cambian tanto de unos a otros. Las perspectivas, el según como se mire porque 'todo no puede ser tan negro'. Y después de este sinsentido, cosa irracional, como queráis llamarla, viene el quid de la cuestión. ¿Por qué insistimos? Tal vez porque -dice un extraño- el emisor es un estúpido con mayúscula. Tal vez -dice el corazón- porque somos tan tontos y siempre, siempre, confiamos en lo mejor de las personas, hasta que, tatatachán, eso en lo que creíamos no aparece, se esfuma, y nos pegan la patada.
Ciegos. Ingenuidad. Lo de siempre.
Aplicable todo no sólo a actos comunicativos, sino también a acciones. 
Pero tus acciones te definen, decía Alejandro Sanz. Y lo observamos cada día, sí.

1 comentario:

  1. Sí, confiamos en lo mejor de las personas pero hay quien espera demasiado de ellas y tal vez ellas no pueden darte tanto.
    :)Bonito texto Eme Sempere.#

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