miércoles, 16 de noviembre de 2011

Crepúsculo tras la ventana. Habitación contigua. Resuenan voces extasiadas. Conversaciones sobre recuerdos escondidos, añoranzas sobre el colegio y sus caras. Y, de repente, alguien exclama:
- ¡Tengo que ir a verla! Esa chica era como una hermana para mí. Nos sentábamos juntas en el autobús e, incluso, compartíamos viajes de Navidad en familia.
Y algún oyente dice, incrédulo:
- ¿Qué? Pero, ¿cuándo hace que no la ves?
Después, silencio. Tanto tiempo que hay que pensar cuánto.
- Tres años -confiesa por fin.
Mientras el sol se pierde en el horizonte, me asalta la pregunta de si alguien puede ser tan poco lúcido como para afirmar este tipo de cosas. Dicho de otro modo: hay que ser necio, a la par que tonto, para decir que algo así. Es decir, formaba un vínculo tan importante para ti y ¿no has hecho nada para preocuparte por ella? En... ¿tres años? Pues si supuestamente era como tu hermana, no me quiero imaginar ese tipo de cosas con Amigos.
Hay que pensar las cosas antes de decirlas, te pueden pillar. Y, lo más importante, si lo sientes de verdad, y no son alardeos temporales que en el fondo, fondo, consideras banales, ¿a qué esperas? ¿A que no se acuerde de tu cara? ¿A que envejezcáis para ir a preocuparte por ella? La gente y sus paradojas.

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