domingo, 30 de octubre de 2011

Noche fría y a la vez cálida. Con momentos en los que me da igual todo. Si es verano o si es invierno, si estoy desnuda de creencias o escarmentada de personas. No hay problemas, olvido íntegramente. Tu cara, mientras duermes, rendido, es el tesoro más grande que pueda haber jamás. Y que yo pueda contar cada una de tus pecas, perderme entre tus pestañas, sentir el vaivén de aire que sale de tus pulmones y me roza, es motivo mas que suficiente para llorar de felicidad. Lo firma mi corazón. Y confiesa asimismo que por un día le va a arrebatar el puesto al cerebro para conseguir que no cierre los ojos y pueda contemplarte toda la noche. Amanecer tras amanecer. Más noches frías a la vez que cálidas.

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