jueves, 13 de octubre de 2011

Leire cerró sus grandes ojos verdes, pero no pudo hacer lo mismo con sus pensamientos, que fluían y fluían, insertos en una eterna nube que giraba a su alrededor. Por mucho que ella deseaba que se evaporasen. Visto lo visto, sólo una pregunta machacaba su mente ¿qué hacer cuando pierdes algo?
La respuesta parecía simple: sustituirlo. Pero sustituir es una palabra muy grande que supone olvidar ese algo del todo.
Y llegar hasta ahí no es nada fácil. Como muy bien afirmaba una amiga suya, primero tienes que vaciarte. Como si fueses una cajita. Liberarte de todas esas cosas que te vinculen a ese algo. Ya sean fotos, recortes de periódico, tickets o billetes de bus. Hay que librarse de ellos. Esconderlos, tanto que se nos olvide que están. Hasta ahí es todo muy fácil, se trata de guardar e ignorar, pero lo peor llega cuando tu memoria te indica que sí están ahí, y no sólo eso, si no que aunque no tengas en tus manos esos objetos, lo inmaterial hace acto de presencia. Y encima la cajita es de cristal.
Decidió que lo mejor era dejar su debate interior y se dio la vuelta, mientras agarraba la mano de un peluche demasiado especial. Este pequeño gesto la reconfortó levemente. Lo mejor, a partir de entonces, iba a ser hacer todo lo posible para no volver a perder nada -ni tampoco perdérselo- mientras estuviera en su mano. El cómo ya lo pensaría sobre la marcha.

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