domingo, 30 de octubre de 2011

Hay sentimientos mejores y sentimientos peores. Sin embargo, ¿por qué existen los peores? Porque también existe la maldad, pensaba. Hoy he corroborado que siempre tiene que haber algo malo para que valoremos lo bueno. Una chispa de pimienta, como dicen por aquí. Así, a veces nos encabezonamos con el 'yo tengo la razón, y sólo yo' y nos cerramos en banda a otra salida. No es ser egoísta, es sentir dolor e invocar inconscientemente a la testarudez. Como animales que se sienten amenazados e intentan protegerse. Lo bueno de esto, es que si tu protección ha dado buen resultado: bien por ti. Pero, si no ha sido suficiente... ¿Me dirás que es malo? ¡Al contrario! Mejor aún, porque demuestra que has sido una gran vividora.
Aceptemos que nos equivocamos, que a veces todos pasamos del mundo sin darnos cuenta de que nuestra pizca de problemas es en realidad un montón de arena para el vecino. Y aceptemos que nos necesitamos, porque aunque ahora somos más diferentes que lo que lo éramos antes ordinariamente, en el fondo, somos iguales. Sí. Si no, no habríamos podido compartir tanto aunque quisiéramos. Y por último, aceptemos que por regla general, nunca nada es fácil. Pero en eso reside lo maravilloso: en esforzarse por lo que te importa realmente. Y pasar los ¿cómo se llaman? Ah, sí. Baches.

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