viernes, 9 de septiembre de 2011

Deseáis que os pase lo que al vecino, cuando no se trata de mala cosa, por supuesto. En este último caso, os apiadáis como en vuestra vida habéis hecho y componéis una falsa sonrisa del tamaño de barcos. Vuestra mirada os delata. Lento repaso. Arriba, abajo. Abajo, arriba. Y mirada que se detiene a ratos en un punto fijo que consideráis jocoso. Lo nunca visto. Seguidamente, elogio seguido de puñalada en la espalda, y no precisamente con un cuchillo. Claramente lo grito: sois falsas. Creéis que os váis a comer el mundo y nunca os pararéis a pensar si quedará alguien sin careta entre vuestros contactos cool. Pero qué más da. Así sois ignorantes felices como niños con golosinas, ¿verdad?
No me gusta burlarme de nadie (la situación al revés puede que guste a más de uno) sólo siento la pena que nadie así sentirá por mi de forma verdadera. Y el asco se abre un huequecito no tan pequeño a ratos.

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