martes, 23 de agosto de 2011

[Dicen que nunca sale todo bien, que no llueve a gusto de todos. ¿Y qué? Somos distintos, con nuestras circunstancias. Nos acostumbramos, sabamos lo bueno, y punto. Pero hay ese tipo de ocasiones en que aunque te empeñes en ser conformista, en el fondo no lo eres. Y la vida te grita al oído:  aquí tienes la razón de por qué no lo eres.]
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 - Acababa de sumergirse contra su voluntad, una ola que decidió saludarla de repente. Sal y fuerza. Arena que fluye y vuela. Y más sal. Y luego aire y piel encharcada de sal y sueños. Segundos. Ojos que se abren; distraídos, miran a la izquierda mientras intenta despedirse de los charcos. Segundos. Y, de pronto, un latido nuevo. El especial, el único. Segundos. Un vuelco. Viento que juega entre el fuego y las margaritas azules. Otro latido. Y otro. Y otro. No puede ser. Y otro. Y ojos color tierra que se bañan en otros similares, pero tan distintos. Otro, otro, otro. Todo lo demás se desvanece. El eterno mar se abre y, esta vez, el cielo le acompaña. Granos de arena que vuelan de nuevo, esta vez haciéndole sombra a un huracán. Y la tierra choca y se funde en un abrazo que parece interminable, como la sal del mar y la de aquellos ansiados labios. Interminable. Y ahora más que nunca, incontable al igual que aquellos latidos.
(Pdt. Gracias, ZV).

2 comentarios:

  1. Me encanta, aunque bueno creo que lo tendré que leer más de diez veces para entenderlo en todo su contexto. Te quiero y gracias a mí? gracias a tí, siempre a tí...

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  2. completamente increiblee! me encanto esta entrada un beso enorme =)

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