martes, 29 de marzo de 2011

Seamos realistas.

Sé que no es todo como te gustaría. Pero, escúchame, podemos hacer dos cosas: lamentarnos o seguir andando. La primera es muy fácil, casi siempre caemos. Preferimos ver lo que supone el muro derribado antes que poner la primera piedra del otro. Preferimos recorrer el camino corto y fácil, antes que seguir el otro, aunque conlleve perdernos. Y ya no vale lamentarse, aunque hasta yo misma me deba aplicar el cuento. Porque nos lamentábamos antes cuando nuestro juguete preferido se rompía o nuestra piruleta se caía al suelo.
Ya pasó.

Ahora es ahora. Y lo que queda claro es que la inevitabilidad de los hechos es tanto para lo bueno, como para lo malo.

Y que algo sea inevitablemente malo, no quita que no se pueda aprender alguna valiosa lección. Ni tampoco que haya que olvidar pensar en las cosas inevitables en el buen sentido.

Por último, no olvides que algo que te parece un pequeño gesto es en realidad mucho más. No olvides que quién se preocupa no lo hace por mera costumbre. Si no, simplemente, no lo haría.

¿Norma, ley, objetivo que a veces se olvida?

- Apreciar las enormes pequeñas cosas y borrar esa sonrisa frágil.

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